ZBE: ¿Ecología urbana o clasismo sobre ruedas? El coche de ocasión en el corredor de la muerte.

Parece que en los despachos de Madrid y Bruselas piensan que todos los españoles nos levantamos por la mañana, desenchufamos nuestro SUV eléctrico de 50.000 € y salimos a salvar el planeta mientras tomamos un matcha latte.

La realidad en el polígono es otra.

Este último mes, el debate político sobre las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) ha vuelto a la carga. Mientras unos piden prohibiciones totales para los vehículos sin etiqueta o con Etiqueta B, otros intentan estirar las prórrogas porque saben que, si prohíben circular al coche de ocasión, paran el país.

1. La movilidad no es un lujo, es un derecho (aunque no lleve enchufe)

La política actual está cometiendo un error de cálculo básico: confundir el coche de ocasión con “chatarra contaminante”. Un vehículo de VO de 8 o 10 años es, para miles de familias en España, la única herramienta para llegar al trabajo o llevar a los niños al colegio.

Prohibir la entrada de estos coches en las ciudades sin ofrecer alternativas de financiación reales para el VO joven no es ecologismo. Es clasismo legislado.

2. El “Plan Moves” y el gran olvido

Se habla de ayudas, pero las ayudas siempre miran al coche nuevo. ¿Y qué pasa con el mercado de ocasión? Este mes se ha vuelto a evidenciar que el sistema de incentivos está cojo. Queremos rejuvenecer el parque móvil —que en España ya roza los 15 años de media—, pero le ponemos palos en las ruedas al sector que realmente mueve el volumen: los profesionales del VO.

Si la política quiere ciudades limpias, debería dejar de castigar al comprador de un coche usado y empezar a incentivar el reacondicionamiento profesional. Un coche bien mantenido, revisado y con su ITV al día contamina menos que la fabricación masiva de un coche nuevo en la otra punta del mundo.

3. El voto del concesionario

Detrás de cada centro de vehículos de ocasión en Sevilla, Madrid o Valencia, hay empresarios, mecánicos y comerciales que sostienen la economía local. El sector del VO no pide subvenciones a fondo perdido; pide una coherencia. No puedes pedirle a un ciudadano que se compre un eléctrico si no tiene dónde cargarlo, ni prohibirle usar su utilitario si es lo único que su salario le permite mantener.

Conclusión: Menos etiquetas y más sentido común

El mercado de ocasión en España es el termómetro de nuestra salud económica. Si las ventas de VO suben mientras el coche nuevo se estanca, es que la calle está hablando. Y lo que dice es claro: necesitamos soluciones de movilidad realistas, no utopías legislativas.

Al final del día, salvar el planeta está muy bien. Pero llegar a fin de mes sin que la Administración te trate como a un criminal por conducir un coche de segunda mano, también es una prioridad.

Deja un comentario

18 − = 14